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Formación

Formar al equipo en IA: qué enseñar y en qué orden

Se contrata una capacitación, viene alguien, muestra quince herramientas, todos salen entusiasmados. A las tres semanas nadie abrió ninguna. El problema no fue el capacitador: fue qué se enseñó.

Por Sebastián Chuffer · Ruptive AI y LAB AI 5 min de lectura

Equipo de trabajo en una capacitación frente a un rotafolio
Foto: Gustavo Fring / Pexels

En resumen

  • Enseñá la forma de pensar, no el recorrido por herramientas: lo primero dura, lo segundo caduca en meses.
  • Diez horas de práctica deliberada alcanzan, pero tienen que ser continuas.
  • Trabajar sobre casos propios es la diferencia entre que quede y que se olvide.
  • Medí uso real a las cuatro semanas, no asistencia ni satisfacción.

Se contrata una capacitación. Viene alguien, muestra quince herramientas, hace una demo de cada una, todos salen entusiasmados. A las tres semanas nadie abrió ninguna.

El problema no fue el capacitador ni el equipo. Fue qué se enseñó: un recorrido por herramientas, cuando lo que hace falta es una forma de trabajar.

Lo que caduca y lo que queda

Las herramientas cambian cada pocos meses. Cambian los nombres, los planes, los botones, y aparecen otras que hacen lo mismo mejor. Una capacitación centrada en dónde hacer clic vence antes de que termine el trimestre.

Lo que no cambia es cómo se estructura un pedido, cómo se da contexto, cómo se itera sobre una respuesta y dónde la herramienta no es confiable. Eso sirve con lo que hay hoy y con lo que salga en dos años.

Si aprendés un truco para una herramienta, te queda obsoleto. Si aprendés a estructurar pedidos, a dar contexto y a iterar, eso te sirve hoy y con cualquier modelo del futuro.

Seba Chuffer · LAB AI

Qué enseñar, en orden

1Qué es y qué no es

Media hora. Que no es un buscador ni una base de datos: es algo que produce la continuación más probable de un texto. De ahí se deduce todo lo demás, incluido por qué inventa cuando no sabe.

Sin esta base, cada límite de la herramienta aparece como una sorpresa desagradable.

2Cómo se arma un pedido

La parte central. Contexto, rol, tarea con formato y criterio, e iteración. Con ejemplos del trabajo real de las personas que están en la sala, no con ejemplos genéricos.

Acá conviene mostrar el antes y después: el mismo pedido mal formulado y bien formulado, y la diferencia entre las dos respuestas. Eso convence más que cualquier explicación.

3Dónde no confiar

Datos que no puede saber, referencias concretas, cálculos largos. Y las dos frases que evitan la mayoría de los problemas: es confiable sobre material que vos le das, y el tono seguro no significa nada.

Enseñar el límite desde el principio evita la curva de entusiasmo, error público y abandono.

4Qué se puede subir y qué no

Cinco líneas de regla clara sobre información de la empresa. Esta parte se saltea siempre y es la que después genera problemas reales.

5Cada uno con su caso

La parte que más rinde: que cada persona elija una tarea real de su puesto y la resuelva ahí, en la sesión, con acompañamiento. Nadie se lleva un apunte: se lleva algo que ya funcionó una vez.

Las diez horas

Hay un número que se repite y vale la pena decir: alrededor de diez horas de práctica deliberada alcanzan para pasar de no saber usarla a usarla bien. No cien.

La trampa es cómo se distribuyen esas diez horas. La mayoría las reparte a lo largo de cuatro meses, abriendo la herramienta cuando se acuerda, pidiendo cualquier cosa. Eso no funciona: el aprendizaje se pierde entre sesión y sesión.

Lo que funciona es continuidad: media hora por día, cinco días por semana, durante un mes. Mismo total, resultado muy distinto.

10 horas

Diez horas concentradas en un mes transforman a un usuario. Las mismas diez horas repartidas en cuatro meses, sin continuidad, no dejan casi nada. La distribución importa más que el total.

Casos propios, no ejemplos

Una capacitación con ejemplos genéricos se olvida en dos semanas porque no tiene dónde aplicarse. Cuando cada persona trabaja sobre una tarea real de su puesto, el aprendizaje queda anclado a algo que va a volver a hacer el lunes.

Esto tiene una consecuencia práctica en el armado: conviene pedir de antemano que cada participante traiga una tarea concreta que le consuma tiempo. Sin eso, la sesión se llena de ejemplos de manual.

Y conviene aceptar que cada área va a necesitar cosas distintas. Administración y ventas usan la misma herramienta para problemas que no se parecen en nada.

El clima de la sala

Un detalle que decide bastante: que preguntar no tenga costo.

En cualquier grupo hay gente que no va a preguntar lo básico por miedo a quedar mal. Y lo básico es justamente donde están las confusiones que después producen mal uso.

En las sesiones del LAB pasa seguido que alguien arranca con "esto va a sonar muy básico, pero…" y termina siendo la pregunta que ordena la clase para todos. Decirlo explícitamente al principio cambia el clima de la sala.

Si a alguien le da vergüenza mostrar lo que hizo, va por buen camino. Lo que no sirve es la sala donde todos asienten y nadie prueba nada.

Cómo saber si funcionó

No por la asistencia, y menos por la encuesta de satisfacción al salir, que mide entretenimiento.

La medición honesta es a las cuatro semanas: cuántas personas lo están usando en su trabajo cotidiano y para qué. Alcanza con preguntar de a uno.

SeñalQué significa
Usan para cosas que no se enseñaronEntendieron la estructura, no la receta
Traen preguntas nuevasEstán chocando con límites reales, que es progreso
Aparecen prompts guardadosSe está formando un activo de la empresa
Silencio totalLa capacitación fue entretenimiento

Lo que no hay que comprar

Vale la advertencia porque el mercado está lleno:

  • Cursos de "dominá la IA en siete días" que no construyen nada en vivo. Si nadie se equivoca en pantalla, es una presentación, no una capacitación.
  • Packs de "cien prompts perfectos para tu profesión". Los pedidos se arman según el caso, no se memorizan.
  • Suscripciones a cinco herramientas a la vez. Una, a fondo. Después se diversifica.

El resumen

  1. Enseñá la forma de pensar, no el recorrido por herramientas.
  2. Orden: qué es, cómo se pide, dónde no confiar, qué se puede subir, caso propio.
  3. Diez horas continuas, no cien repartidas.
  4. Casos propios desde el primer día.
  5. Que preguntar no tenga costo.
  6. Medí uso real a las cuatro semanas.

El LAB está armado con esta lógica

Doce semanas en vivo, con continuidad semanal y cada participante trabajando sobre los procesos de su propio negocio. No un recorrido por herramientas: una forma de trabajar, practicada hasta que queda.

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Preguntas frecuentes

¿Qué hay que enseñarle a un equipo sobre IA?

La forma de pensar antes que las herramientas: cómo estructurar un pedido, cómo dar contexto, cómo iterar sobre una respuesta y dónde la herramienta no es confiable. Las herramientas cambian cada pocos meses; esa estructura sirve con cualquiera.

¿Cuánto tiempo de práctica hace falta para que se note?

Alrededor de diez horas de práctica deliberada, no cien. Lo que no funciona es distribuir esas diez horas a lo largo de cuatro meses abriendo la herramienta cuando uno se acuerda: hace falta continuidad, algo así como media hora por día durante un mes.

¿Conviene una capacitación general o trabajar sobre casos propios?

Sobre casos propios, sin dudarlo. Una capacitación con ejemplos genéricos se olvida en dos semanas. Cuando cada persona trabaja sobre una tarea real de su puesto, el aprendizaje queda porque tiene dónde aplicarse al día siguiente.

¿Cómo sé si la formación funcionó?

No por la asistencia ni por la encuesta de satisfacción, sino por uso real a las cuatro semanas: cuántas personas lo están usando en su trabajo cotidiano y para qué. Si ese número es bajo, la capacitación fue entretenimiento.

Escrito a partir de lo que vemos en las sesiones del LAB AI, el programa en vivo donde cada participante implementa IA en los procesos reales de su negocio.