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Práctica

Cómo escribir prompts que sirvan en tu negocio

Circula la idea de que hay frases mágicas que desbloquean respuestas mejores. No es eso. La diferencia entre una respuesta genérica y una usable está en cuatro cosas concretas, y ninguna es un truco.

Por Sebastián Chuffer · Ruptive AI y LAB AI 7 min de lectura

Persona trabajando en una notebook junto a una ventana
Foto: Roman Odintsov / Pexels

En resumen

  • Cuatro pilares: contexto, rol, tarea e iteración. El que más se saltea es el último y es el que más diferencia hace.
  • Un pedido genérico solo puede producir el promedio de lo que existe. La especificidad la aportás vos.
  • Dar ejemplos rinde más que dar adjetivos. "Profesional pero cercano" significa algo distinto para cada persona.
  • Lo que funciona se guarda. Diez plantillas propias cambian más el día a día que una herramienta nueva.

La queja más común de quien recién empieza es que la inteligencia artificial "responde cualquier cosa" o "dice todo muy general". Casi siempre es cierto, y casi siempre la causa es la misma: se le pidió algo general.

Si escribís "escribime un email para un cliente", la respuesta solo puede ser el promedio de todos los emails a clientes que existen en el mundo. No hay magia posible: falta la información que haría que ese email fuera tuyo.

La mayoría le habla a un modelo como si fuera un buscador: tira una pregunta corta y espera la respuesta perfecta. No funciona así. Es más parecido a briefear a alguien que recién entró: cuanto mejor le expliques quién sos, qué estás tratando de lograr y qué esperás, mejor sale el trabajo.

Los cuatro pilares

1Contexto

Todo lo que hace falta saber antes de la pregunta. No un manifiesto: lo mínimo para que el pedido deje de ser abstracto.

Flojo: "Escribime un email para un cliente."

De trabajo: "Tengo una distribuidora de insumos de limpieza en Córdoba. Le vendo a consorcios y a empresas de limpieza. Le mandé un presupuesto a un cliente hace diez días y no respondió. Tuvimos buena relación pero el cierre se enfrió. Quiero un email de seguimiento que no suene desesperado ni pesado."

La diferencia es grande. En el primer caso se inventa un cliente, una propuesta y un tono. En el segundo se trabaja con tu realidad.

Regla práctica: antes de la pregunta, tres cosas. Quién sos, qué situación tenés, cuál es el objetivo.

2Rol

Desde qué perspectiva querés que responda.

Sin rol: "Revisame este contrato."

Con rol: "Comportate como un abogado argentino especializado en derecho laboral con veinte años de experiencia. Revisame este contrato pensando especialmente en cláusulas que puedan generar conflicto en una desvinculación."

Asignar un rol cambia el vocabulario, el nivel de detalle y el ángulo del análisis. No es un truco psicológico: es una instrucción concreta sobre qué patrón de respuesta querés.

Roles que rinden: un editor exigente, un coach que confronta en vez de darte la razón, alguien haciendo revisión de código, un abogado conservador que ve el peor escenario.

3Tarea

Qué querés que produzca, con qué formato, qué largo y qué tono.

Flojo: "Hacé un resumen."

De trabajo: "Hacé un resumen ejecutivo de máximo doscientas palabras. Estructura: qué pasó en un párrafo, por qué importa en un párrafo, qué hacemos ahora en tres puntos concretos. Tono directo, sin adjetivos."

Especificá formato, largo, tono y audiencia. Y sobre todo el criterio de calidad: qué hace que la salida esté bien. Es la parte que más se saltea y la que más cambia el resultado, porque si no lo decís, se adivina el promedio.

4Iteración

Entender que la primera respuesta nunca es la final. Este es el pilar que más gente saltea y el que más diferencia hace.

Quien recién empieza pide algo, recibe una respuesta y la usa tal cual o la descarta entera. Quien sabe conversa con la respuesta: la corta, la afina, pide variantes, la critica.

Frases que conviene tener a mano:

  • "Esto está demasiado genérico. Hacelo específico para mi caso."
  • "Reescribilo más directo, sacale los adjetivos."
  • "Dame tres versiones y explicame el tradeoff de cada una."
  • "Criticá lo que acabás de escribir como si fueras alguien externo. ¿Qué le falta?"
  • "Esto que dijiste acá no me cierra. Explicámelo de nuevo desde cero."

No estás buscando la respuesta correcta. Estás teniendo una conversación que produce algo mejor que lo que vos solo o la máquina sola hubieran producido.

Seba Chuffer · LAB AI

El mismo pedido, antes y después

Versión pobreVersión de trabajo
"Escribime un posteo para Instagram sobre mi servicio.""Soy contadora y atiendo monotributistas que facturan poco y se pierden con los vencimientos. Escribí un posteo que explique en qué se equivocan al recategorizarse. Tono directo, sin tecnicismos, máximo 120 palabras, que abra con una situación concreta y no con una pregunta retórica. Terminá invitando a escribir por privado."

La segunda versión tarda treinta segundos más en escribirse y ahorra las cuatro rondas de correcciones que necesita la primera.

Ejemplos, no adjetivos

"Que sea profesional pero cercano" significa cosas distintas para cada persona. Un ejemplo de algo que ya escribiste y te gustó comunica eso sin ambigüedad.

Pegar dos o tres salidas buenas y decir "seguí este estilo" es la técnica de mayor rendimiento por esfuerzo que existe, y casi nadie la usa porque parece demasiado simple. Funciona todavía mejor si además mostrás un ejemplo de lo que no querés: el contraste define el objetivo mejor que cualquier adjetivo.

Los errores que más se repiten

Después de muchas sesiones viendo a gente de todas las edades y profesiones empezar, los patrones son bastante estables:

  • Pedirle todo en una sola consulta. "Hacéme una web con login, base de datos, diseño y publicación." Dividí en pasos. Una cosa a la vez.
  • Aceptar la primera respuesta como definitiva. Si no iteraste dos o tres veces, no estás aprovechando la herramienta.
  • No dar contexto y después quejarse de que es genérico. "No me ayudó nada" suele traducirse a "no le di información para ayudarme".
  • Cambiar de modelo cuando algo no funciona. Casi nunca el problema es el modelo. Si reformulás bien, cualquiera responde mejor.
  • No guardar lo que funciona. Cuando un pedido dio buen resultado, guardalo. En seis meses tenés un manual propio que vale más que cualquier curso.
  • Usarlo solo para lo que ya sabés hacer. Ahí no hay crecimiento. El salto está en usarlo para algo que no sabés.

Si no podés escribir el criterio con el que vas a evaluar la respuesta, tampoco vas a poder juzgar si sirve. Escribir el criterio te ordena a vos antes que a la herramienta.

Convertir lo que funciona en plantillas

Un prompt que resolvió bien una tarea repetitiva no debería reescribirse de memoria cada vez. Conviene guardarlo con la parte fija separada de la variable:

"Sos el asistente de [NEGOCIO]. Un cliente escribió: [MENSAJE]. Respondé en menos de seis líneas, confirmando disponibilidad si la hay y proponiendo un horario concreto. No des precios."

En una empresa chica, diez plantillas así en un documento compartido cambian más el día a día que cualquier herramienta nueva. Y tienen una ventaja adicional: son el primer paso natural hacia automatizar ese proceso, porque ya está descrito con precisión.

80%

Alrededor del ochenta por ciento de la calidad de una respuesta depende del contexto que aportaste. Es la variable sobre la que tenés control total, y es donde casi nadie invierte los treinta segundos que hacen falta.

Dónde el prompt no alcanza

Hay un techo. Si la tarea necesita datos que el modelo no tiene (tu lista de precios, el historial de ese cliente, el stock de hoy), ningún prompt lo resuelve: hay que darle acceso a esa información.

Reconocer ese límite ahorra horas de pelearle a la herramienta pidiéndole algo que no puede saber.

El resumen

  1. Contexto: dos frases sobre tu negocio y tu situación.
  2. Rol: desde qué perspectiva tiene que responder.
  3. Tarea: formato, largo, tono y sobre todo criterio de calidad.
  4. Iteración: correcciones cortas antes que empezar de nuevo.
  5. Ejemplos antes que adjetivos.
  6. Lo que funciona, se guarda como plantilla.

En el LAB esto se practica con tus casos

Doce semanas en vivo trabajando sobre los procesos reales de tu negocio. No ejercicios de ejemplo: tus presupuestos, tus respuestas, tus documentos, con mentores que revisan lo que sale y corrigen el rumbo.

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Preguntas frecuentes

¿Qué tiene que incluir un buen prompt de trabajo?

Cuatro cosas: el contexto (quién sos, qué situación tenés, cuál es el objetivo), el rol desde el que querés que responda, la tarea concreta con formato y largo, y la disposición a iterar. Lo que más falta en la práctica es el criterio de calidad: sin él, el modelo adivina qué considerás bueno.

¿Por qué la IA me da respuestas genéricas?

Porque la pregunta fue genérica. Un pedido sin contexto de tu negocio solo puede producir el promedio de lo que existe sobre el tema. Alrededor del ochenta por ciento de la calidad de una respuesta depende del contexto que aportaste vos.

¿Sirve pedirle que actúe como un experto?

Sí, más de lo que parece, pero no como truco psicológico: asignar un rol es una instrucción concreta sobre qué patrón de respuesta querés, y cambia el vocabulario, el nivel de detalle y el ángulo del análisis. Aun así rinde más darle el contexto real de tu situación.

¿Cómo hago para no reescribir el mismo prompt todos los días?

Guardando los que funcionan como plantillas con huecos para completar. Un prompt que resolvió bien una tarea repetitiva es un activo del negocio, y además es el primer paso hacia automatizar ese proceso, porque ya quedó descrito con precisión.

Escrito a partir de lo que vemos en las sesiones del LAB AI, el programa en vivo donde cada participante implementa IA en los procesos reales de su negocio.