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Decisiones

Cómo elegir herramientas de IA sin llenarte de suscripciones

Una empresa arranca con entusiasmo, prueba tres herramientas, contrata dos, y a los seis meses tiene cinco suscripciones activas de las que usa dos. Eso no pasa por elegir mal: pasa por elegir sin un proceso concreto que resolver.

Por Sebastián Chuffer · Ruptive AI y LAB AI 5 min de lectura

Profesional pensando frente a una notebook en su escritorio
Foto: Ketut Subiyanto / Pexels

En resumen

  • Primero el proceso, después la herramienta. Sin proceso no estás eligiendo, estás explorando.
  • Diez casos reales con su respuesta correcta convierten la decisión en un número.
  • Mirá la salida además del precio: si no podés exportar tus datos, estás atado.
  • Revisión cada tres meses y baja de lo que nadie usó la última semana.

Hay un patrón fácil de reconocer. Una empresa arranca con entusiasmo, alguien prueba tres herramientas, contrata dos, y a los seis meses tiene cinco suscripciones activas de las que se usan dos, ninguna integrada con las otras.

Eso no pasa por elegir mal: pasa por elegir sin un proceso concreto que resolver. Cuando la pregunta es "qué herramienta de IA nos conviene", cualquier respuesta es defendible. Cuando es "cómo resolvemos que alguien pase pedidos a mano todos los lunes", la lista se achica sola.

El orden correcto

Primero el proceso, después la herramienta. Suena a consejo de manual y es la diferencia entre gastar bien y coleccionar suscripciones.

Con el proceso definido (qué tarea, cuántas veces pasa, quién juzga si salió bien), la elección pasa a ser una comparación entre tres o cuatro opciones que hacen exactamente eso, y casi siempre varias sirven igual.

Si no podés nombrar el proceso que la herramienta va a resolver, no estás eligiendo: estás explorando. Explorar está bien, pero no se paga con una suscripción anual.

Cuándo alcanza con una general

Para la mayoría de las tareas de una empresa chica, las herramientas generales alcanzan: redactar, resumir, clasificar, extraer datos, responder preguntas sobre documentos propios.

Las específicas de rubro tienen sentido cuando hay requisitos que no se resuelven configurando:

Justifica una específicaNo la justifica
Integración con un sistema propio del sectorQue el sitio esté en el idioma correcto
Formatos o reportes reguladosQue use el vocabulario del rubro
Requisitos de resguardo de datos del sectorQue la demo esté hecha con casos parecidos
Volumen muy alto con costo por unidadQue la vendan como "para tu industria"

La columna derecha vende muy bien y casi nunca es motivo suficiente. Una herramienta general con una buena instrucción usa el vocabulario que le pidas.

Cómo probar de verdad

Acá está el método que cambia las decisiones, y lleva dos horas armarlo una sola vez.

Armá diez casos reales tuyos, de los difíciles y no de los fáciles, con la respuesta correcta anotada al lado. Esos diez casos son tu prueba, y se la pasás igual a cada herramienta que evalúes.

Sin eso, la evaluación termina dependiendo de con cuál jugaste más tiempo o cuál tenía la interfaz más linda. Con eso, la comparación es un número y la conversación interna deja de ser una discusión de gustos.

Esos diez casos además sirven después: cuando dentro de seis meses aparezca una herramienta nueva, ya tenés la prueba armada para compararla contra la que usás.

10 casos

Diez casos difíciles con su respuesta correcta al lado es lo único que convierte "me pareció mejor" en un número. Es la diferencia entre elegir y creer que elegiste.

Lo que hay que mirar además del precio

Qué mirarPor qué importa
¿Podés exportar tus datos?Si no, cambiar de herramienta implica empezar de cero
¿Cómo escala el precio?Algunos planes se multiplican al crecer el volumen, justo cuando más lo usás
¿Se integra con lo que ya usás?Una herramienta aislada genera trabajo manual nuevo
¿Qué dice el contrato sobre tu información?Es la diferencia entre poder usarla con material interno o no
¿Cuántas personas pueden usarla?El precio por usuario cambia el cálculo al sumar gente

La primera fila es la más subestimada. Una herramienta barata que encierra tu información adentro sale carísima el día que quieras cambiar, y ese día llega siempre.

Señales de que te están vendiendo humo

  • La demo siempre usa sus datos, nunca los tuyos. Pedí que la hagan con tus casos difíciles, en vivo.
  • No pueden explicar qué modelo usan por detrás ni bajo qué condiciones. Muchas plataformas son una capa fina sobre un modelo de terceros, lo cual está bien si lo dicen.
  • Prometen porcentajes de ahorro antes de conocer tu proceso. Nadie puede saber eso sin mirar cómo trabajás.
  • Insisten en el contrato anual con descuento antes de que hayas probado con casos reales.
  • Hablan de transformación y no de tareas concretas. Las tareas concretas se pueden verificar; la transformación no.

La prueba definitiva de un proveedor: pedile que resuelva en vivo uno de tus diez casos difíciles. La reacción a ese pedido te dice más que la presentación completa.

Sobre el gasto en la herramienta central

Vale una aclaración, porque el consejo de no acumular suscripciones se malinterpreta fácil.

No acumular no significa quedarse siempre en el plan más barato. Si hay una herramienta que se usa todos los días y reemplaza horas de trabajo, la comparación correcta no es contra el precio de otro software: es contra lo que cuesta esa hora de trabajo.

Cuánto cuesta un programador, un diseñador, un consultor. Del otro lado son unos pocos cafés por mes. El error no es pagar: es pagar cinco cosas que nadie abre.

Seba Chuffer · LAB AI

La regla práctica: una herramienta central, bien paga y muy usada, y nada más hasta que aparezca un proceso nuevo que la central no cubra.

Cómo evitar la acumulación

  1. Una herramienta nueva necesita un proceso nuevo. Si el proceso ya está resuelto, no hace falta cambiar porque salió una mejor.
  2. Revisión cada tres meses. Abrí la lista de suscripciones y preguntá quién usó cada una la última semana. Las que nadie nombra, se dan de baja.
  3. Prueba mensual antes que anual, aunque el anual tenga descuento, hasta que el proceso esté funcionando de verdad.

La segunda es la que más plata devuelve y la que menos se hace, porque dar de baja implica admitir que la compra no sirvió. Conviene despersonalizarlo: es una revisión de rutina, no un juicio.

El resumen

  1. Primero el proceso, después la herramienta.
  2. Las generales alcanzan para la mayoría de los casos.
  3. Diez casos reales con su respuesta correcta.
  4. Mirá la salida, no solo el precio.
  5. Pedí una demo con tus casos difíciles, en vivo.
  6. Revisión cada tres meses y baja de lo que nadie usa.

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Preguntas frecuentes

¿Conviene una herramienta general o una específica para mi rubro?

Para empezar, una general casi siempre alcanza y cuesta menos. Las específicas tienen sentido cuando el rubro impone requisitos que no se resuelven con configuración: integraciones con sistemas propios del sector, formatos regulados o volumen muy alto. Antes de pagar por una específica conviene comprobar que la general realmente no puede.

¿Cómo pruebo una herramienta antes de contratarla?

Con diez casos reales tuyos, los mismos para cada herramienta que evalúes, y la respuesta correcta anotada al lado. Sin eso la evaluación depende de con cuál jugaste más tiempo, que es como se eligen la mayoría de las herramientas que después nadie usa.

¿Cuántas herramientas de IA necesita una empresa chica?

En general una general para el trabajo diario y, como mucho, una específica por proceso automatizado. La acumulación de suscripciones suele ser señal de que se compró por entusiasmo y no por un proceso concreto que resolver.

¿Qué mirar además del precio?

Si podés sacar tus datos cuando quieras, si el precio escala de forma previsible con el volumen, si se integra con lo que ya usás, y qué garantías de confidencialidad ofrece por contrato. Un precio bajo con los datos encerrados adentro sale caro el día que quieras cambiar.

Escrito a partir de lo que vemos en las sesiones del LAB AI, el programa en vivo donde cada participante implementa IA en los procesos reales de su negocio.